miércoles, 11 de julio de 2012

El jardín

Claro que no existe más,
se disolvió junto con la sombra que me cubría...
desapareció con lirios
viento
cristales
y todo... se desvaneció como la horda de alimañas que me atormentaba.





El hombre máquina

Aguardó hasta que la noche se cernió sobre la ciudad, sentado en el banco de la plaza; estaba allí como cualquier otro.
Alimentó a las aves
miró el cielo
comió alguna golosina que había llevado consigo
bromeó con algún niño que jugueteaba cerca
Y la noche cayó. Cayó su cepo.
la sentencia estaba dictada
Se levantó y caminó hacia el sur como una Máquina.
Mientras tanto, en aquél edificio se oía el estruendo de la música del vecino del tercer piso
algunas palomas se acurrucaban y hundían sus cabezas bajo las alas
la pareja del primer piso se reencontraba luego de una ausencia larga
y Ella, en el cuarto piso, dejaba los platos sin lavar y decidía irse a dormir.
Veinte minutos, tal vez media hora, tardó Él en llegar desde la plaza con su paso pausado pero curiosamente firme.
Frenó en un quiosco y fumó mecánicamente un cigarrillo mientras seguía caminando.
Una vez allí, fingió de manera amable ante una vecina estar por entrar, invitado por alguien... y ella le facilitó el ingreso al dejar el edificio.
Ella ya estaba en su cama, la ducha había sido muy relajante. Estaba dormida ya.
La Máquina subió por las escaleras, lentamente. Sentía un voluptuoso placer al hacerlo, sabiendo que pronto cumpliría con su objetivo como nadie más [¿Nadie más querría? ¿Nadie más lo haría? ¿Nadie más podría?...].
Al llegar al cuarto piso estuvo frente a la puerta un instante, inmóvil; y luego procedió a abrir con sigilo la vieja puerta. Ni un chirrido, ni seña alguna de que estuviera allí. Aunque el vecino (quien providencialmente le favorecía con su gusto musical) del piso de abajo no existiese, nadie lo hubiera notado entrando.
Avanzó con el mismo sigilo hasta la habitación y ahí la vio. Casi por un instante se preguntó por qué habría de correr esa suerte aquella mujer. Pero ese pensamiento solo se diluyó en el placer que la Máquina sentía ante la situación.
Una vez que hubo cortado la línea telefónica se quedó de pie frente a la cama, frente al rostro de su víctima inminente. Con poca suerte, Ella, abrió los ojos de repente. Y todo comenzó de un modo menos elegante al que la Máquina lo había planeado. Sin perder tiempo la calló con un almohadón y con el elemento que ya llevaba en mano improvisó una traqueotomía... la muchacha no pudo gritar.
Luego de desnudarla con la torpeza más cínica, la arrastró, golpeada y magullada, hasta la ducha
sin poder gritar
sin fuerzas ya
Una vez que la dejó desplomada en la tina, casi inconciente, le cortó el pelo con aquél elemento
y fué a por lo suyo.
Con suma destreza retiró los dos globos, prolijamente.
Aún parecían mirarlo, y eso encendía más aún aquél oscuro placer que llevaba dentro.
Sólo susurros, vanos intentos de voz salían de la boca herida de la mujer. Y sus fuerzas no eran suficientes para nada. El dolor parecía carcomerla y aún así pretendía agarrar a la Máquina en esos manotazos ahora ciegos del todo...
Y ese era su pie para retirarse, así que lo hizo.
Lo hizo sumido en la paciencia y sensación placentera que lo había acompañado todo ese tiempo, como si su cráneo estuviera relleno de cables y conexiones a guisa de encéfalo.
Abrió la ducha y se marchó.
Dejó la puerta cerrada, como Él la había encontrado, y se perdió en un laberinto inventado de calles y cruces de vereda.
La Máquina no sentía el llamado de la carne... siquiera. Ni el de sus propios pensamientos reflexivos...
La Máquina sólo sentía ese placer esquivo.

martes, 31 de enero de 2012

Ínfimas partes

Ese universo que son los sueños, 
ese paraíso 
y ese desierto...
[sin oasis a veces...]
Cada viaje una vida,
cada bocanada de aire, un dolor,
quizás.
Ese universo, el espejo que nunca miramos...
Y acá en "la Tierra" 
yo,
la ínfima parte de mí que vive con ustedes, 
ínfimas partes de ustedes...






jueves, 7 de octubre de 2010

Silencio

Sólo esas palabras tenía que decir... y nunca lo supo.
La muerte llegó con los pies fríos y las manos tibias hasta su cama
y el final del tiempo le cerró los ojos sin apuro.

Es su último suspiro el que acaba de apagarse...


sábado, 3 de julio de 2010

¿Y el minotauro?

Abismo, caricia, placer, hijos…
mirada, ausencia, calor…
piel, tormenta, lágrima…amor.

Dudas, aroma, ternura, rincón…
dolor, cielo, frío, cárcel
no, sí, nunca, siempre, a veces…
Tiempo tirano,
laberinto…¿Y el minotauro?

No entiendo nada
no sé de mí,
no sé de vos…
Dudas, aroma, ternura, rincón
mirada, ausencia, calor…
perro tiempo tirano
dolor, cielo, frío, cárcel…
abismo…
piel… tormenta…
lágrima…

amor… amor…amor…